PanicDrop manda una alarma a todos los móviles de tu club a la vez, cuando menos se la espera. El primero en resolver la prueba se lleva los puntos. El último se lleva las burlas del grupo.
Pronto en App Store y Google Play. Sin anuncios y sin rastreadores.
No hay que registrarse con el correo ni rellenar un perfil. Se entra y se juega.
Un nombre, un icono y un código de seis letras. Tus amigos entran con él y ya estáis dentro.
Una tarde, un fin de semana o toda la semana. Tú pones el terreno; las horas exactas las decide el juego, y por eso pilla.
La alarma salta a la vez en todos los móviles. Resuelve la prueba antes que nadie: se cuenta hasta el último milisegundo.
Cada ronda reparte puntos y cada partida mueve la clasificación del club. Se guarda quién gana más, quién juega más y —lo que de verdad se discute en el grupo— quién tiene el mejor reflejo, al milisegundo.
Son las que vienen hechas. A partir de ahí, la partida se monta a medida: cuánto dura, cuántas rondas, con potenciadores o sin ellos.
Todos con el móvil en la mano y varias rondas seguidas. Para empezar mientras alguien pide la segunda ronda.
El último de cada ronda se va a casa. Se acaba cuando queda uno, y esa última ronda se juega de pie.
Puede sonar en cualquier momento del día, dentro de la franja que elijas. Es el formato que mejor explica de qué va esto.
Todavía no está en las tiendas. Si quieres probarlo cuando salga, o contarnos cualquier cosa, la dirección es esta:
PanicDrop está hecho en España, en nativo para iPhone y para Android, y se prueba con los teléfonos encima de la mesa: los fallos que importan en un juego de milisegundos no se ven de ninguna otra forma.
No hay anuncios, no hay rastreadores de terceros y no se pide el correo para jugar. Si algo no funciona, el botón de «algo ha ido mal» de la app escribe a una persona, no a un formulario.